Es indudable que estamos ante un cuadro de violencia creciente.Es obvio que los espacios públicos se han vuelto agresivos y hostiles, y que la inseguridad ha invadido incluso los hogares. Es indiscutible que salimos por la mañana con miedo, que despedimos a nuestros seres queridos con angustia, que no detenemos el paso cuando un extraño se nos acerca en la calle, que sudamos si el semáforo nos demora en un cruce nocturno, o si nuestro recorrido nos lleva por sitios desiertos. Es una realidad.
¿Cuál es la enfermedad cuya fiebre es la violencia? No caigamos en el facilismo de las respuestas rápidas. Las dolencias son muchas, y conjuntas.Difícilmente se cure la enfermedad de la violencia social mientras el cuerpo siga enfermo. Desde hace milenios, en muchas regiones del mundo, en infinidad de idiomas, de religiones y de culturas, se escucha la frase de oro: "AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO". Parece mentira cómo un principio tan simple, tan básico, tan puro, resulta tan difícil de aceptar, de generalizar, de hacer carne en las gentes y en los países. Sólo una civilización verdaderamente fundada.
¿Cuál es la enfermedad cuya fiebre es la violencia? No caigamos en el facilismo de las respuestas rápidas. Las dolencias son muchas, y conjuntas.Difícilmente se cure la enfermedad de la violencia social mientras el cuerpo siga enfermo. Desde hace milenios, en muchas regiones del mundo, en infinidad de idiomas, de religiones y de culturas, se escucha la frase de oro: "AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO". Parece mentira cómo un principio tan simple, tan básico, tan puro, resulta tan difícil de aceptar, de generalizar, de hacer carne en las gentes y en los países. Sólo una civilización verdaderamente fundada.
http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0250-71612003008800008&script=sci_arttext&tlng=es

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